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lunes, 2 de diciembre de 2013

El zoco

Una de las galerías del zoco de Damasco. Obsérvese en primer plano al azacán o vendedor de agua, que hoy también suele llevar té, leche y tortas dulces. 
En la época del relato, Damasco poseía una serie de mercados agrupados en gremios, de entre los que destacaban el de los caballos, que comprendía toda clase de animales de monta y tiro, el de los beduinos, el de los alfayates o sastres y badaneros, también denominado de las telas, el de los caldereros y cinceladores de metal, el de la sal, el de los tratantes de granos, el de los damasquinadores y artesanos de pasamanería, el de los alatares o especieros, donde, además, se instalaban los perfumistas, el de los sederos y fabricantes de alfombras y alahílcas, el de las cargas de leña y otros combustibles... Había una excepción al mercado gremial: el zoco principal, mercado antiquísimo en el que la tradición aseguraba que podía adquirirse prácticamente cualquier artículo.



En las callejuelas de los alrededores del zoco asimismo es posible
visitar algunas tiendas antiquísimas.

Los mercados árabes son espectaculares y grandiosos, y el de Damasco se encuentra entre los más importantes. Es lógico que así sea, la tradición milenaria en el comercio de los agarenos llevó hasta Arabia y otros mercados del Fértil Creciente, Siria entre ellos, cuantos productos podían adquirirse en China o la India. La antiquísima ciudad damascena fue una de las metas de esos productos, embarcados mas tarde en sus puertos con destino a Alejandría, Constantinopla, Roma e incluso la Hispania visigoda.



Otra imagen de la galería principal del zoco de damasco

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